Según la OMS, el porcentaje de personas mayores de 60 años pasará del 12% al 22% entre 2015 y 2050, suponiendo esto un gran reto para los sistemas de salud de todos los países.

El envejecimiento de la población es el desarrollo de deterioro progresivo físico, mental y psicosocial que ocurre, normalmente, a partir de los 65 años. A partir de estos momentos, se produce una disminución gradual del funcionamiento físico y cognitivo, así como cambios en el aspecto, el comportamiento y la personalidad.

Algunos factores que influyen en el proceso de envejecimiento incluye la genética, el estilo de vida y el ambiente. Los cambios relacionados con el envejecimiento varía entre personas y también se ven afectados por factores como la salud general y los recursos disponibles para manejar las condiciones relacionadas con la edad.

¿Qué son los síndromes geriátricos?

El concepto de «Síndromes geriátricos» hace referencia a un conjunto de patologías originado por una serie de problemas de salud crónicos que afectan a las personas mayores de 65 años y se incrementan en los mayores de 80 años.


Estas dificultades a menudo incluyen cambios físicos, psicológicos y sociales, teniendo mayor probabilidad de sufrir enfermedades crónicas como demencia, depresión, artritis o un aumento de riesgo de caídas, entre otras.

Lo que está claro es que estos síndromes suponen un empeoramiento de la calidad de vida de las personas que los padecen, provocando un aumento de su dependencia tanto por parte del Sistema de Salud y como de su entorno.

La inmovilidad, la inestabilidad o caídas, la incontinencia urinaria, el deterioro cognitivo y la fragilidad son cinco grandes síndromes geriátricos que originan una frecuente situación de limitación o incapacidad funcional o social.

El diagnóstico temprano y el tratamiento de éstos pueden ayudar a prevenir o disminuir las complicaciones y mejorar la calidad de vida.

¿Cuáles son los síndromes geriátricos?

Los principales síndromes geriátricos son:

Inmovilidad

El síndrome de inmovilidad es la imposibilidad de moverse originada por problemas funcionales, psicosociales o físicos que afectan directamente a la marcha y el equilibrio.

Esta situación puede presentarse por una pérdida involuntaria de movimiento produciendo una serie de consecuencias muy graves a todos los niveles para las personas que lo sufren. En esta situación, la realización de actividades de la vida diaria, así como las relaciones sociales, entre otras, quedan muy limitadas e incluso se vuelven inexistentes provocando mayor dependencia.

persona en silla de ruedas

Algunas causas que provocan la inmovilidad y afecta a la calidad de vida del paciente son:

  • Problemas físicos propios de fracturas, cirugías u otros problemas osteoarticulares como la osteoporosis.
  • Depresión o ansiedad.
  • Enfermedades neurodegenerativas como la enfermedad de Parkinson.
  • Alteraciones cardiovasculares como ictus o cardiopatías.
  • Algunos tratamientos para la depresión o demencias

La prevención es la mejor opción para no llegar a una situación de dependencia, por lo que si la persona afectada es diagnosticada con algún problema cardiovascular o articular, lo mejor es acudir al especialista adecuado para que pueda indicarle ejercicios y maniobras que debe hacer para evitar quedar inmovilizado.

Si ya se ha producido esa inmovilización, algunos de los tratamientos a seguir serían:

  • Realizar ejercicio físico (adaptado a cada persona).
  • Utilización de recursos como andadores o muletas.
  • Conocimiento de la medicación que se está tomando y si ésta, de alguna forma, impide el movimiento.
  • Recibir educación para la salud de, por ejemplo, buenas posturas.

Inestabilidad o caídas

Las caídas y la inestabilidad son un importante problema de salud para las personas mayores, ya que una de cada tres sufre caídas al menos una vez al año.

Pueden tener graves consecuencias, como fracturas, traumatismos craneoencefálicos e incluso la muerte. Además de las lesiones físicas, las personas mayores que sufren caídas también pueden experimentar una disminución de su capacidad para desplazarse de forma independiente, lo que conlleva un mayor riesgo de aislamiento social.

Persona mayor caída en el suelo

Hay varios factores de riesgo que aumentan la probabilidad de caídas. Una mala visión, la polifarmacia (tomar varios medicamentos), la debilidad muscular, los mareos o los problemas de equilibrio, los problemas en los pies, como juanetes o arcos caídos, y las enfermedades crónicas, como la diabetes, pueden contribuir a aumentar el riesgo de caídas o inestabilidad. Además, los cambios en el entorno, como los espacios desordenados o los suelos resbaladizos, también pueden ser factores contribuyentes, aunque estos últimos son modificables si se hace una correcta organización de los espacios.

Muchos proveedores de atención sanitaria ofrecen ahora intervenciones que abordan estos problemas y ayudan a reducir la probabilidad de caídas en el adulto mayor. Entre ellas se incluyen ejercicios de fisioterapia para mejorar el equilibrio y la fuerza; asesoramiento sobre prácticas de seguridad en el hogar; revisiones periódicas de la vista; evaluación de la medicación para detectar efectos secundarios que puedan contribuir a las caídas; derivación a podólogos para evaluaciones del cuidado de los pies; y detección de pérdida de audición o enfermedades crónicas que puedan causar mareos o desequilibrios.

Al reconocer los riesgos potenciales de caídas, los profesionales sanitarios, como los terapeutas ocupacionales, pueden ayudar a prevenirlas mediante intervenciones adecuadas y adaptadas a las necesidades individuales. Al reducir la probabilidad de caídas podemos ayudar a la población de edad avanzada a mantenerse sana durante más tiempo.

Incontinencia urinaria

La incontinencia urinaria en las personas mayores es una afección frecuente que supone la pérdida involuntaria de orina, ocasionando un problema social e higiénico para las mismas.

Esta afección puede tener muchas causas diferentes, como la debilidad de los músculos del suelo pélvico, problemas de movilidad y consumo de determinados fármacos. También puede deberse a infecciones del tracto urinario, problemas de vejiga activa o estreñimiento. El tipo más común es la incontinencia de esfuerzo, que se produce cuando la actividad física provoca fugas de la vejiga. Puede verse agravada por el aumento de peso, el tabaquismo y la diabetes.

Por suerte, es una afección tratable con cambios en el estilo de vida y terapias físicas. Otros tratamientos incluyen medicamentos para reducir el tenesmo vesical (deseo de orinar) y controlar los músculos hiperactivos de la vejiga. Si estos métodos conservadores no funcionan, puede ser necesaria la cirugía para fortalecer los músculos del suelo pélvico y reducir las pérdidas. La incontinencia también puede deberse a trastornos cognitivos como la demencia y la enfermedad de Alzheimer. Cualquier cambio en el comportamiento debe ponerse en conocimiento de un médico lo antes posible para recibir el tratamiento adecuado.

En general, la incontinencia urinaria es un problema muy común entre la población de edad avanzada que requiere atención profesional para su correcto tratamiento.

Deterioro cognitivo

El síndrome de deterioro cognitivo es una afección que se suele dar en la población mayor de 65 años.

Consiste en el deterioro de las funciones cognitivas, lo que se traduce en una disminución de la capacidad de atención, de pensar, razonar y cambios en la memoria, entre otros. Puede afectar significativamente la calidad de vida de las personas mayores, tanto social como emocionalmente.

Persona con deterioro cognitivo

El deterioro cognitivo puede deberse a muchas causas como lesiones y enfermedades, así como a la edad avanzada. Otras causas de deterioro cognitivo son el abuso de sustancias, la mala alimentación, el estrés y la fatiga, la falta de sueño, ciertos medicamentos, los tumores cerebrales y los accidentes cerebrovasculares. Además, algunas enfermedades crónicas como la enfermedad de Alzheimer, o un accidente cerebro vascular pueden provocar deterioro cognitivo. Por último, los trastornos del neurodesarrollo, como los trastornos del espectro autista y las dificultades de aprendizaje, también pueden causar alteraciones cognitivas.

El tratamiento dependerá de la causa subyacente del trastorno, pero puede incluir medicamentos e intervenciones psicosociales como la terapia cognitivo-conductual o trabajos de estimulación cognitiva con terapeutas ocupacionales. En algunos casos, los cambios en el estilo de vida, como el ejercicio regular y una nutrición adecuada, pueden ayudar a reducir los síntomas y ralentizar la progresión del trastorno.

Fragilidad

La fragilidad en las personas de mayores de 65 años, hace referencia a una mayor vulnerabilidad a los problemas de salud y al deterioro funcional asociados a la edad.

Se caracteriza por una combinación de limitaciones físicas, psicológicas y sociales. Entre los signos más comunes de fragilidad, se incluyen la debilidad de la fuerza y la resistencia muscular, la disminución de los niveles de actividad física, la mala nutrición, el deterioro de la movilidad y la disminución del funcionamiento cognitivo y del compromiso social. La fragilidad puede conducir a una disminución de la independencia y autonomía personal, así como a un mayor riesgo de caídas, hospitalizaciones, discapacidad y muerte.

Por lo tanto, es importante que los cuidadores y la asistencia sanitaria reconozcan los signos de fragilidad para poder llevar a cabo intervenciones que ayuden a prevenir o ralentizar su progresión. Esto puede incluir modificaciones personalizadas del estilo de vida, como programas de actividad física regular y control de la dieta; tratamientos médicos; estrategias de promoción de la salud; y servicios de cuidados a largo plazo.

Conclusión

El síndrome geriátrico hace referencia a las afecciones crónicas comunes que suelen padecer las personas mayores. Estas afecciones pueden afectar a la salud física, mental y emocional.

Hay diferentes síndromes como hemos expuesto en el artículo. Aunque algunas de estas afecciones médicas son exclusivas de los adultos mayores, muchos de estos síndromes son el resultado de una combinación de factores como los cambios fisiológicos relacionados con la edad y las elecciones de estilo de vida.

El tratamiento de los síndromes geriátricos se debe aplicar a partir de una valoración geriátrica integral. Suele implicar la colaboración de equipos multidisciplinares para tratar los síntomas y promover el bienestar general, además de un apoyo social por parte del entorno.

La salud de las personas en edad avanzada es uno de los mayores retos que tenemos como sociedad.

Bibliografía